lunes, 21 de octubre de 2013

II

Encenderé una vela para decirte adiós, papá.

Tus memorias desmembradas ya han huido. Tu piel de pino envejeció. No quedan rastros.

Papá, tu niña linda se ha perdido. Me convertí en una mujer que sangra y grita, que se toca y se presiona y se disfruta. Una mujer que no camina ya de espaldas.

Papá, vivo en una casa que me habla, que me insulta y me hiere y me desarma. Una casa que es pasado y sólo casa.

Papá me enamoré en una ciudad que no me pertenece, una ciudad de aire, de ruido y de baile. Ciudad que significa sólo un hombre, un hombre que no eres tú, pero me quiere.

Así ves, papá, cómo he crecido, ya tengo pechos y orgasmos y ambiciones. Porque soy exactamente eso que nunca has visto.

Soy más que una extranjera enamorada. Veo más allá de los libros y las tallas. Soy más que las ciudades y las máscaras.

Soy, ese puente en el que te has ido.


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